Me enorgullezco de lo que aconteció el pasado 1 de julio.
Del triunfo del deporte, del esfuerzo de un equipo que ha sido muy criticado en estos tiempos (aunque parezca increíble). España partía con la dudas de muchos aficionados, periodistas y entendidos.
No había hecho una Eurocopa para enmarcar, excepto el partido de Francia.
El equipo estaba falto de solidez arriba, la defensa no partía con todas las bazas de ser un muro suficientemente fuerte, e incluso Del Bosque era duramente criticado por su selectivismo a la hora de componer una alineación. Italia se presentaba como un equipo renovado, que nos puso contra las cuerdas en el primer partido. En la Estadística, nunca habíamos ganado.
A todos aquellos que dudaron de este equipo, les recomiendo que vean el partido de ayer, una y mil veces.
Cuando Italia fue duramente encerrada, despojada del balón. Su artillero, SuperMario, tapado por un colosal Sergio Ramos. Pirlo, el cerebro, la director de orquesta, que había hecho una magnífica Eurocopa, fue enjaulado en el terreno por la magia de los Pequeños, (y alguno no tan pequeño) por Xavi Hernández (imponente, sólido, visionario y magistral), por Xabi Alonso (elegante, fuerte, providencial), Sergi Busquets (fuerte, tímido y pícaro a la vez, un salvavidas), Andrés Iniesta "Iniestita de mi vida" (el mejor).
Lo de ayer es un hecho, que muchos aún no hemos asumido. Hemos vuelto a ganar un campeonato, consecutivo. Este equipo ha marcado un estilo que ayer se pudo ver en el que quizá fue el mejor partido de toda la era del "A por ellos". Mejor que en Alemania, mejor que en Sudáfrica.
Porque lo de ayer no fue solo fútbol. Fue reivindicación, fue reconocimiento y disculpas, fue renacer de las cenizas y reunir los jugadores más perfectos que el fútbol jamás haya visto.
Ayer, el mundo, se rindió ante la superación y el respeto a un gran trabajo.
Estamos ante una Selección que marcará una leyenda.
A todos aquellos que ayer aprovecharon para reivindicar que nadie se preocupa por la sanidad o la educación mientras hay fútbol, yo les digo que disfruten de la alegría general. De que muchas personas tengan el derecho a sonreír por un aspecto que ensalce el deporte y la superación de un pais con muchas dificultades.
Es cierto que estos 23 jugadores cobran sueldos infinitos, que practican un deporte que poca gente respeta hoy día, con su técnica y parafernalia. Y que por sí solo, el dinero invertido en ese partido, por cada persona, podría satisfacer las necesidades de otras tantas miles.
Pero no por eso el éxito y el fervor deben ser reprimidos. Siempre ha existido el amor por este deporte, y esta selección, y siempre han existido las mismas quejas y reivindicaciones de estas personas, que aparecen cuando el momento se les presenta.
Ya hoy, 3 de julio, con el trofeo en nuestras vitrinas, podemos volver a nuestras preocupaciones de día a día: la prima, el riesgo, la crisis, los dineros y el empleo. Pero veo bien que por 2 días, hayamos tenido un lapsus en el cual hemos hecho historia.