lunes, 5 de agosto de 2013

Raspberry Colour

Koalas.
Paseos.
Rizos.
Lanas.
Galletas.

Caricias.
Luz.
Miradas.
Dualidad.
Amor.

No sabes cuando llegará tu muerte, pero a pasos agigantados se acerca cuando el humo de los cigarrillos y el flujo de tu sangre se aumenta en cada instante en el que tus ojos presencian la magnificencia del amor, el desengaño, el dolor y la desesperanza.
Es imposible pretender que tu vida sea la más única del mundo cuando la mundanalidad de las almas se aferra a tu entristecido corazón. Es imposible pretenderlo sin acabar llorando por el daño provocado. Es imposible ser feliz de este modo, de la manera en que todos aseguran la magia y que para ti es solo oscuridad y rencor.

Es imposible bregar con un espíritu partido doblemente, por el desamor y el desengaño, por el rencor y la inocencia. La vida se pierde a cada segundo.
Y sólo el espíritu más puro es el que puede salvarte. Sólo un ángel. El resplandeciente color de la humildad y el espiritualismo.
El ángel que se esconde en brazos que no son los tuyos. El ángel por cuyos ojos suspiras, deliras y subes al cielo.

Sin embargo, no todo parece perdido. Vuelve a reinar la Decadencia. Como los viejos tiempos.
Esos donde la embriaguez persistía aún sin el efecto de las drogas. Cuando el pensamiento se expande hasta el borde exterior de tu galaxia y a la vez se recoge en una sola idea que se repite una y otra vez.
Cuando paseas la decadencia a las 4 de la mañana, sin nadie que te coja de la mano, con la imagen de sus ojos clavada en tu retina, no hay más acompañante que la cerveza y el cigarro que enrollas cada cinco minutos. El cigarro que evita que tu boca quede vacía y empiece a añorar los besos que se dieron bajo las estrellas, y en la cama mientras bajo la sábana reinaba la anarquía.

Con esto quiero decir que ayer la psicopatía volvió a invadirme. Me conjuré para hacerme el duro, para parecer demacrado y deambular por la calle sin parecer que por dentro me estaba muriendo.
Tuve la oportunidad, y no lo hice. Me maldigo ahora por ello.
Y ahora que queda un sólo día, no hay más que intentar. Ya hay que hacerlo.
No hay más tiempo para miramientos ni simpatías.
Mañana es el día.