sábado, 20 de febrero de 2010

Dando un repaso



Dando un repaso, a ver si todo seguía correcto, me di cuenta que la suma perfección de mis grabados ni por asomo igualaba la magnificiencia y maravillosidad de los pergaminos que había encontrado.


Textos enriquecidos y enaltecidos por una belleza espiritual inigualable. Ornamentados con ricos bocetos de seres fantásticos con poderes tan abstractos e inimaginables que no caben ni en mil mentes humanas, ni en las más científicas.

Cualquier palabra que se escribiera o cualquier sílaba que saliera de nuestra razón, ni por asomo se podría igualar con aquello. Incluso, ni la propia intención de intentar entender lo que mis ojos contemplaban era capaz de invadir aquella grandeza.

Se acaban los adjetivos y los sustantivos con los que describir, casi insultando esta obra.
La imaginación intentará comprenderlo, pero es con el corazón con el que podemos amarlo.
Tal singularidad que se contempla, se hace mayor que la multiplicidad universal y no es por propio mérito. Si nosotros no quisiéramos atribuirle esa grandeza, aquello no sería más que unas tristes páginas del diario de una niña de 14 años.


sábado, 13 de febrero de 2010

Hablando de Marruecos...



Entonces me confirmé en aquello que me había planteado durante todo este tiempo.
Sentado en aquel ruidoso bar en el centro de la ciudad, comprendí el porqué de mi camino,
la causa por la que emprendí este viaje
y el motivo que me hizo luchar hasta el final.
Jamás se me pasó por la cabeza encontrarme ante tal situación,
mi destino iba a ser como cualquier otro: simple, aburrido, triste y esperado
(que no desesperado)
Ahora que la vida me ha convertido en persona de nuevo,
mi alma ha vuelto a hacerse infante.
Es ese fuego del alma el que actúa sobre mí,
y, con juegos y miradas,
quema todo atisbo que pudiera quedar de la felicidad que se fue
y de la tristeza que llegó.
El fósforo vuelve a arder,
la nieve no lo a enterrado,
ni las lluvias lo han empapado.
Simplemente ha dormido,
más bien hibernado,
esperando una humilde primavera
que rozara su tosca piel
para alumbrarlo.

Es pasión lo que fluye,
deseo, amor y
desenfreno.
Lujuria en la oscuridad,
belleza en la tranquilidad,
romanticismo en la penumbra.
Paseando por las calles de la ciudad logré incluirme en sus mil olores,
aparecerme en las esquinas
y encontrarme conmigo mismo en los bancos.
Laberinto de color y sinestesias,
riachuelos de tés y aromas,
fuente de riquezas y ricuras.
Paraíso del exotismo y Parnaso de la evasión.
Marruecos, trasmite.
Marruecos hace trasmitir.
Sólo déjate llevar...