¡ Damas y caballeros,
niños y niñas,
ladies and gentlemen,
mejillones y mejillonas !
Van ustedes a ver, a presenciar, el mayor espectáculo jamás presentado.
No saldrán de su asombro ni un solo instante.
¡Llorarán de alegría, reirán de pena!
No pretendemos hacerles reir, de eso se ocupa la magia.
Un humilde servidor como yo, lleno de polvo hasta lo más hondo de mi chistera, les invita a que se sienten, tomen un buen asiento. ¡El que más les guste!
Aquí no discriminamos a nadie por su aspecto, le invitamos a trabajar con nosotros.
Si alguien por ahí se ofrece... Usted! el de la cuarta fila!... Ah, que no quiere salir... Bueno otra vez será, búsquenos! Estamos debajo de este manto estrellado al que llamamos Ilusión.
Sin mas dilatación, como dirían en mi pueblo, querido público, el espectáculo va a comenzar.
Y una estrella absorbió el alma de todo el gentío...
Maldita fuese la hora en que aquel infame payaso acabara con todos nosotros.
Gracias por acordarte de mencionar al colectivo de los mejillones y las mejillonas... La verdad es que se nos tiene algo olvidados.
ResponderEliminarNo sé de qué me suena el texto... Me recuerda a cierto señor que vino al hospital infantil... ¿No le habrás quitado el alma a aquellos pobres infantes, no? ¡Que te enteras tú bien, como lo hayas hecho!