Esto no va por rachas y ni por mareas,
son momentos de lucidez y falta de sueño
en los que no te planteas más allá de tus caprichos y anhelos.
Noches en vela, no tan como las de antes,
son más descansar de la luz,
de las obligaciones auto-impuestas,
de replantearse el Mundo cada día,
lo que tiene que venir
y lo que paso de hacer.
Pasar por completo.
Simplemente aparece,
como todo lo especial que existe,
dando tumbos, desordenándolo todo,
calcetines por un sitio y condones por otro,
deshoras, traducciones,
abstracismos, debates,
una conexión,
desorden,
bendito desorden.
Por una joven,
un pequeño renacer,
una salida del ostracismo.
El cigarrillo que fumas a medianoche mientras llueve y ventea.
la primera canción del día, y una mirada que se esconde en el desayuno.
Sólo unos ojos,
profundos y azules,
lejanos y momentáneos.
Una mirada.
La fijación de siempre, con una cabeza más cuerda,
al menos, en apariencia.
Aunque los dedos nunca engañen.
La cabeza va a un ritmo distinto al corazón,
se descompensa, no se aclara, no se subordina,
derecha e izquierda cuando no se quiere ir recto,
tan sólo ir, mejor llegar.
Llegar y comenzar.
Tranquilo, que llegará.
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