jueves, 29 de septiembre de 2016

Papá, ¿por qué somos del Betis?

Suena a tópico, en cada club, cada aficionado se ha preguntado esto alguna vez. ¿Por qué hay gente del Betis?

No puedo hablar sobre una larga trayectoria sobre el equipo de mi corazón. Tengo 24 años y no recuerdo algo resonante hasta la época de Alfonso. La primera. La que tenía a Finidi y compañía. Un tal EuroBetis. Cómo los disfrutaba. Siempre me los cogía en el FIFA. Alfonso tenía un hermano, también en el Betis. Y luego algunos nombres ilustres como Benjamín, Solozábal, Vidakovic. Mi abuelo me recordaba a veces cuando yo era niño y le preguntaba: "abuelo, ¿cuándo va a dejar de ganar el Betis?". Tal vez no fuera tal cual, mi abuelo era muy efusivo. Pero supongo que eran buenos tiempos.

Luego hubo otra época en la que tenía mi carné e iba con mi padre. Subimos y bajamos, y fuimos a Madrid a ganar una copa del Rey. Y luego, Champions. Y luego, al carajo.

Y yo creo que hasta día de hoy, seguimos yéndonos al carajo.
Se dice que los béticos estamos acostumbrados a sufrir, a gritar, apoyar, quejarnos. Es un fútbol un poco más allá, porque siempre tenemos la sensación de miedo al iniciar la temporada, ese resquemor que te hace pensar que el Betis es un equipo diferente a los demás, que ficha bastante, puede jugar muy bien, puede jugar muy mal o puede tener distintas fases a lo largo de un partido en las que suceden cosas que ni te imaginas. Las dejas que ocurran y ríes, qué le vamos a hacer, es el Betis.

Este año vuelven a vender todo genial. Jugadores fresquitos, Joaquín en su salsa, nuevo entrenador, nuevo presidente, nuevo director. Todo nuevecito y esperando a que ruede.
Luego viene Garrido, Mel, Stosic y Oliver, y el año acaba patas arriba y Merino como estandarte. Esto también nos lo esperamos ya, es lo típico de una temporada del Betis. Creo que vamos a entrenador por año, una burrada.

Pero aún así, se confia, Pues claro que se confía. Porque ahora surge la cara mágica del Betis.
Por suerte, el Betis lo forman las personas de buen corazón. Y si no tienen buen corazón, al menos el dinero va a Betis. Donde tiene que ir. Repito tantas veces el nombre de mi equipo porque funciona como un ente. El Betis engloba sentimiento, color y ahora parece que fútbol.

Es un apego hacia toda la afición que acompaña al equipo cada vez que juega, y la afición que viste la camiseta por la calle, o viste a sus hijos de béticos frente a sus amigos sevillistas.
Otros ganan, nosotros lo pasamos bien a nuestra manera. Tenemos nuestros piques, los enfados con Van der Vaart, los chistes de Lopera, a Joaquín, a Rubén como ídolo. Assunçao como Dios. Cositas de la gente buena. Es gritar Viva er Beti en países extranjeros, llevarte la bandera a todas partes, ponerte la camiseta de las 13 barras en un partido de la selección (y que ponga Juanito). Es hablar de Esnaola, Del Sol o Gordillo aunque ni los vieras. Es ver tu campo como una obra contemporánea, un museo al aire libre de nuestra historia. Amasijos de hierro que cantaron varios ascensos. Diversión por los campos de España. La novena provincia. Los palanganas. Lopera vete ya.

Para ser del Betis hay que valer. Hay que creer. Hay que querer y tener ganas.
No me importa no ganar, me lo paso mejor quejándome.
Y con que pierda el Sevilla tengo bastante.

Viva er Beti', manque pierda.

Manque, qué coño es manque. Esa palabra la inventamos nosotros. Seguro.



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