Cuando me acuerdo y más tranquilo estoy es cuando mis dedos se ponen de acuerdo para escribir y describir mi mente.
Ni buscan convencer, ni reformar, ni informar, ni siquiera esperan que esto sea leído.
Se tranquilizan así.
Necesitan un empujón, un ánimo, como cuando ves algo y se te antoja. Les gusta escribir pero les cuesta barbaridades.
Parece más fácil contar la vida en mil historias, que escribir una propia en la cual no sabes por donde empezar. Además siempre serán los mismos sentimientos.
Sin embargo será una historia que tan solo ellos entienden, porque escriben/escribo para mi.
Dando rodeos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario