Deja que el rio se lleve tu mente, tus malos pensamientos y
dolores de cabeza. Que todo lo que te saca del mundo real se pierda en el fondo
de los mares, tras haber recorrido el largo camino de la vida.
La pureza es la que nos conforta
y nos duerme en la tranquilidad.
En el gran piso silencioso hay un hombre sentado en un
sillón en la oscuridad.
Ha pedido quedarse solo, él, que siempre ha tenido terror a
la soledad, a las habitaciones vacías, a la penumbra. Los otros se han ido
después de haberle preguntado una última vez, antes de salir, con una nota de
ansiedad en la voz, si estaba realmente seguro de querer quedarse allí, sin
nadie que lo cuidara.
Ha respondido que sí, tranquilizador. Conoce tan bien esa gran
casa que puede moverse libremente, sin nada que temer.
Las voces se han disuelto en los ruidos de los pasos que se
alejan, de una puerta que se cierra, de un ascensor que baja. Poco a poco esos
ruidos se transforman en silencio.
Así que ahora está solo, y piensa.
En la calma de esta noche de finales de mayo piensa en el
vigor de los años pasados. Piensa en su breve verano, que se precipita hacia el
otoño de los años que vendrían, que ya no recorrerá sobre las puntas de los
pies, sino con las plantas firmemente asentadas sobre el suelo, aprovechando
cualquier sólido asidero para no caer.
Por la ventana abierta entra el perfume del mar. Tiende una
mano y enciende una lámpara colocada sobre una mesita, a su lado. Casi nada
cambia para sus ojos, que ya se han vuelto un teatro de sombras. Vuelve a
pulsar el botón. La luz se apaga, al soplo de un suspiro sin esperanza, como
una vela. El hombre sentado en el sillón piensa ahora en lo que le espera.
Deberá habituarse al olor de la cosas, a su peso, a su voz, cuando todas queden
anegadas en el mismo idéntico color.
¿Qué esperas conseguir con esto? ¿Pretendes dirigirte hacia mí
y que te perdone por lo que has hecho?
El mundo es complicado, pero tu existencia sobrepasa los
límites. No mereces que lloren por ti, has hecho mucho daño a nuestra familia,
has olvidado que otra persona te amaba y la has abandonado a su suerte mientras
tu vergonzosa soberbia te hace ser un cobarde.
Márchate, cierra la puerta, no vuelvas la cabeza. Prefiero
que huyas y te escondas en tu puta apariencia. Ya me encargo yo de que tu alma
vaya muriendo, si es que la encuentro.
Cabrón.
Al final, aquel hombre triste y solitario, dejó su vida
lanzándose al más profundo de los mares de la desilusión. Demasiados engaños
habían asolado su alma, haciendo que se convirtiera cada vez más en un reducto
perdido en la inmensidad de su miseria. No podía soportar caer en el olvido,
aunque esa era ya una realidad que sólo el conocía...
El hombre vagaba solo por las calles, paseando sin caminar,
solo con la mirada. Evadiéndose de las pretensiones del mundo en el que se
encontraba. Trasladándose hacia los lugares más remotos de su universo. Vagando
por las vanas ilusiones y esperanzas de una vida plena de juventud y vitalidad.
Aquella sombra paseaba por las calles de Londres, el vapor
del metro subía por los alcantarillados, destapando la parte más oscura de la
ciudad de las luces. Son las 8 de la tarde y el hombre se desvanece...
No hay comentarios:
Publicar un comentario